SOBRE EL i CHING

La Sincronicidad

Qué es el I Ching

El i Ching es una herramienta de indagación personal, profesional y social.

Este libro contiene la esencia de una sabiduría ancestral y constituye una importante obra filosófica que condensa entre sus hojas todas las posibilidades existenciales representadas por sus 64 hexagramas.

La situación que manifiesta el hexagrama en un momento determinado, se corresponde con el instante vital del consultante según el principio de Sincronicidad. El célebre psiquiatra suizo Carl Jung, en su Teoría de Sincronicidad, afirma que ningún acontecimiento es un hecho accidental ni casual, sino CAUSAL. La sincronicidad opera a través de los hexagramas una vez que existe una interdependencia entre los hechos objetivos y la subjetividad del inconsciente en el momento de realizar la consulta.

Como bien decía Carl Jung, el i Ching tiene el poder de traer desde la profundidad del inconsciente hacia la superficie de la mente, el dispositivo que nos permite visualizar un problema en su totalidad y deducir los medios para tratarlo. El i Ching nos enseña a relacionarnos con las fuerzas de cambio que operan por detrás de cada situación y tiene el poder de deconstruir nuestro punto de vista sobre una situación y abrirlo a nuevas perspectivas esclarecedoras.

El i Ching, también llamado Libro de los Cambios, sostiene que lo único inmutable es la Mutación y todo lo que hacemos puede conllevar un cambio en el Mundo, incluido, por supuesto, lo que no hacemos. 

El i Ching trabaja con predicciones, pero no es un libro adivinatorio. No es su función describir con detalles cómo se dará una realidad futura sino clarificar una situación presente para poder discernir cuál es la decisión más acertada.
 La consulta del i Ching es un ejercicio de psicología profunda donde lo previsible sólo es el resultado de comprender la relación lógica que se da entre los acontecimientos, internos y externos.

De este modo, todas las posibilidades de acción y no acción, se dibujan en el plano mental del consultante para facilitar su proceso en la toma de decisiones, la cual será, en todos los casos, una elección personal e intransferible.

Orígenes del I Ching

La tradición china data sus orígenes en tiempos del mítico rey Fu Xi, primer emperador de China (2953-2838 ac) , al que probablemente le fueron revelados de forma sobrenatural los 8 trigramas o Pa kua (8 estados de cambio alrededor de un centro) que servirán de base a la estructura del i Ching. Las leyendas presentan un animal místico que surge de las aguas del Río Amarillo, un caballo-dragón que exhibe en su lomo las marcas que servirán de inspiración a Fu Xi para crear los 8 símbolos primordiales. En sus orígenes, el I Ching no fue un libro como tal sino un compendio de signos y gráficos que expresaban los cambios por los que transita la existencia. Su interpretación era puramente simbólica y la tradición oral era su modo de transmisión.

La siguiente contribución importante vendría dada mucho tiempo después por el
Rey Wen de la dinastía Zhou ( 1152-1056 ac ) . Además de un virtuoso gobernante, el rey Wen fue un gran escritor al que le fue atribuida la combinación de los 8 trigramas de Fu Xi en las diferentes permutaciones que conforman los 64 hexagramas del I Ching (secuencia del Rey Wen), así como la redacción de los juicios o sentencias breves asignados a cada hexagrama. Redactó su libro entre las paredes de un calabozo. Los cambios sociales que implantó en su reinado y su influencia cada vez más creciente, atemorizaron a sus adversarios y fue encarcelado durante años.

Al gran pensador chino
Confucio ( 551-478 ac ), se le atribuye la autoría de los comentarios sobre el I Ching llamado “Las Diez Alas”. En ellos hacen una exposición de los distintos significados de cada uno de los hexagramas y de las causas por las que dichos significados son atribuidos a un determinado hexagrama y no a otro. El pensamiento confuciano se aproxima mucho a la doctrina del legendario filósofo chino Lao Tse. Tanta sabiduría valió a Confucio para, prácticamente, administrar la sociedad china en base al conocimiento adquirido de los libros antiguos. Al final de su vida, Confucio entregó a la lectura del I Ching, lamentándose en alguna ocasión de no disponer de 50 años más de vida para dedicarlos al estudio del oráculo y adquirir un conocimiento que, seguramente, le habría ahorrado algunos errores a lo largo de su vida.

La llegada del I Ching a Occidente no se produce hasta muchos siglos después. En el siglo XVII aparecieron las primeras traducciones a lenguas occidentales sin que tuvieran gran repercusión. No fue hasta el siglo XX que aparecieron las transcripciones más solventes, de la mano de dos pastores protestantes: James Legge (al inglés) y Richard Wilhelm (al alemán). Este último, desarrolló su trabajo de la mano del viejo maestro Lao Nai Sun el cual inició a Wilhelm en las profundidades de la filosofía china y los textos antiguos. Su traducción está considerada como una obra que refleja fielmente el sentir oriental que habita el corazón del I Ching. La segunda traducción realizada por Richard Wilhem (1948) fue prolograda por el psiquiatra suizo Carl Jung, el cual dedicó mucho tiempo de su vida a profundizar en este libro sapiencial que llegó a utilizar en su profesión y en su vida personal como importante herramienta de indagación psíquica y de exploración del inconsciente.

Jorge Luis Borges

Para una versión del I Ching


El porvenir es tan irrevocable

Como el rígido ayer. 
 No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa.

De la eterna escritura idescifrable
Cuyo libro es el tiempo. 
 Quien se aleja de su casa ya ha vuelto. 

Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida
El rigor ha tejido la madeja
No te arredres.
La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura
El camino es fatal como la flecha
Pero en las grietas esta Dios, que acecha.

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